

Un viaje entre el aroma y el sabor
Corría el año 1888 cuando, en la ciudad de Lutsk —en la histórica región de Volinia—, nacía Grigori Alexandrovich Kholodovsky. Huérfano a los diez años, fue acogido por la familia Stravinsky, que le abrió las puertas a un universo nuevo: el del arte, la música y el perfume.
Durante su juventud, Grigori se sumergió en los círculos de la aristocracia rusa de finales del siglo XIX y en una élite cultural que respiraba vanguardia. En 1910, su curiosidad lo llevó hasta París, donde instaló su hogar creativo en Montparnasse. Allí trabó amistad con almas inquietas como Chagall, Picasso, Proust, Misia Sert o Coco Chanel, quienes le inspiraron a abrir sus dos primeras perfumerías: Spleen Parfums.
Años después, su historia llega a Barcelona, donde inaugura Spleen de Paris, en la calle Mirallers. Un refugio de fragancias y misterio que acabaría dando forma a una nueva experiencia sensorial: Stravinsky Parfumerie.


Donde el perfume se bebe
En este espacio —inspirado en la estética de su coctelería parisina original—, el perfume y el cóctel dialogan como iguales.
Aquí, la nariz y el paladar se encuentran; el aroma y el sabor se funden en una misma emoción.
La carta propone dieciséis cócteles, pero en realidad son cuarenta y ocho experiencias: cada creación puede maridarse con tres perfumes distintos, capaces de transformar por completo la percepción del mismo trago.
Un viaje sensorial que desdibuja los límites entre lo líquido y lo etéreo, entre el arte de la mixología y el arte del perfume.



«Le beau est toujours bizarre»
Charles Baudelaire
Stravinsky Parfumerie no es un bar: es una historia que se huele, se bebe y se recuerda.


